Camacho, a Osasuna
La Junta Directiva del Club Atlético Osasuna ha decidido esta misma mañana poner fin al periplo de José Ángel Ziganda al frente de la primera plantilla del conjunto pamplonica. La decisión puede calificarse de sorprendente, pues los mandatarios rojillos mantuvieron al entrenador la pasada temporada bajo circunstancias similares –el equipo se salvó del descenso en la última jornada- y le dieron la oportunidad de iniciar su tercer proyecto. Además, resulta también algo extraña la fecha en que se produce la destitución, justo en el ecuador de dos semanas sin Liga, pues la lógica mandaría que el relevo se hubiera realizado al terminar la jornada anterior, y así se habría dado tiempo al sustituto para conocer a sus nuevos futbolistas y empezar a introducir sus ideas en la plantilla.
Quizá hayan sido, precisamente, las negociaciones para contratar al nuevo entrenador lo que hayan llevado a realizar el relevo en este momento. El elegido es José Antonio Camacho, un nombre que rápidamente evoca valores como remontada, hombría o sinceridad, pero también un personaje cuyo prestigio en el mundillo futbolístico ha venido resintiéndose en los últimos tiempos por campañas publicitarias, discretas experiencias como comentarista y, sobre todo, una carrera como entrenador que empezó de modo brillante pero que parece haber adquirido un cierto camino descendente.
Sin duda alguna, el cenit del murciano como entrenador se produjo en su etapa de seleccionador nacional (1999-2002), cuando formó un equipo ciertamente competitivo al que sólo la mala fortuna apartó de las semifinales de algún gran torneo. Antes, el mítico lateral del Madrid gozaba de predicamento en la profesión gracias a sus grandes campañas con Rayo y Español, aunque también había fracasado en el Sevilla y había roto su contrato con el Madrid antes de empezar. Cuando en 2002 cumplió su palabra y puso su cargo a disposición de Villar tras el tristísimo partido contra Corea, era un técnico con el prestigio intacto.
Su siguiente parada fue el Benfica. En Lisboa vivió dos campañas en las que mantuvo a su equipo a un nivel aceptable –ganando incluso una Copa de Portugal- pero fue incapaz de romper la hegemonía del Oporto en el campeonato doméstico. En 2004 acudió a la llamada de Florentino Pérez para acabar marchándose del equipo al poco tiempo de comenzar el campeonato. Aunque él siempre ha manifestado que jamás dispuso del apoyo necesario para domar a una plantilla llena de estrellas –cosa que probablemente sea cierta- lo cierto es que su imagen de entrenador de carácter quedó bastante dañada, y tampoco ayudaron demasiado algunos comentarios despectivos de los galácticos.
En paro durante poco menos que un trienio, pues, la directiva del Benfica confiaría en él de nuevo a principios del año pasado, pero la experiencia volvería a ser breve –unos seis meses-, y otra vez concluiría con una dimisión. El de Cieza confesó, tras ser derrotado por el Getafe en UEFA y sólo un día después de la muerte de su padre, sentirse incapaz de motivar a sus futbolistas, y con ello siguió forjando su fama de hombre honrado, pero también de entrenador poco fiable en situaciones adversas. Ahora tiene una buena oportunidad, con un equipo al que no le sobra plantilla y que no se encuentra en buena situación, de reivindicarse. Lo observaremos con atención.
Noticia original: Diarios de Futbol