Sobre Robinho, Calderón, Schuster y el Madrid, en términos genéricos

Andrés Pérez | Primera jornada de Liga sin Robinho en tres años. En fin, puede parecer un dato sin importancia, pero es decidor que la salida del jugador brasileño se haya producido una vez iniciada la primera jornada, una vez cerrado el mercado de fichajes. Decidor, por ejemplo, de la política de fichajes del Real Madrid. Robinho no es el malo, tan sólo es un hombre desesperado por no ser quien cree que es -y, dicho sea de paso, jamás será-. El malo, quien no ha sabido manejar la situación con delicadeza e inteligencia -a falta de esto último, una plática llena de mentiras acerca de la unión del vestuario y de la confianza en Schuster-, es Calderón, el presidente de la sonrisa embaucadora y la voz melosa, que jamás ocultará el mal mandatario que supone para la entidad blanca. Y me preparo para recibir las críticas de aquellos afines al presidente, renovador de los Galácticos, a pesar de todo. Calderón no tiene criterio alguno a la hora de manejar la plantilla y el caso Robinho ha estallada justo cuando Schuster, el eterno enfadado, pedía más jugadores.

No soy aficionado del Madrid, simplemente juzgo desde una perspectiva ligeramente objetiva -la objetividad como tal no existe- la situación en la que se ve inmerso actualmente en club blanco. Es curioso comprobar cómo la táctica empleada por el Real Madrid para fichar jugadores se ha vuelto en su contra. Antes, el mayor aliciente del Madrid no era el dinero, sino el prestigio. Presionando, declarándose en rebeldía y afirmando su fe blanca como única religión, Zidane, Ronaldo o Figo recalaron en el Bernabeú. Por no hablar del mismo Robinho. Marca ahora lo olvida, como As, pero tras Cádiz sus portadas hablaban del nuevo Pelé y alababan el fichaje estrella de Florentino Pérez. Nada más lejos de la realidad cuando tres años después de copar las portadas de dos meses con noticias sobre el jugador -por aquel entonces- del Santos, la misma prensa, ellos, los culpables de tantas cosas, llamaban a Robinho traidor y pesetero. Curioso. Si el Madrid presiona y consigue que un jugador se declare en rebeldía para no jugar más en su club y viajar a la capital de España, bien, aceptable, es un gran hombre, siente los colores, déjenle salir hombres de poca fe; por el contrario, si el jugador que se declara en rebeldía pertenece al Madrid es un pesetero infiel que no siente los colores y además le hace un favor al Madrid yéndose. Como Makélélé en su día.

Es la gran hipocresía del Madrid y de la prensa de sus alrededores. Insisto en que me resulta chocante este asunto porque en su día infravaloré -acertadamente, como tres años después el tiempo ha demostrado- las habilidades del supuesto heredero de Pelé. 25 millones por Robinho fueron una exageración que Florentino jamás debió pagar, por un jugador que explotó en un año haciendo bicicletas, en una Liga con defensas de juguetes. Llegó a Europa, se estrelló año sí y año también más allá de algún destello de calidad -tenerla la tiene, pero no tanta como se le supone- en algún partido aislado. Nada más. Robinho es un ejemplo de mal criterio deportivo a la hora de fichar. Eso sí, cuando se trata de vender, el club blanco lo hace mejor que nadie. El City del nuevo jeque árabe ha pagado 42 millones de euros por un futbolista cuyo valor no pasa de los 15. Interesante negocio ha conseguido Calderón, se ha embolsado 40 kilos y se ha quitado un lastre de encima. ¿A cambio de qué? de quedarse sin banda derecha, tener un equipo desequilibrado y mantener a un entrenador que no ha recibido lo que quería y para colmo, le han quitado lo que ya ostentaba. ¿De verdad alguien cree todavía que las dos Ligas de Calderón y Mijatovic son fruto de una buena planificación deportiva?

Vía | Europa Press, You Tube
Imagen | RTV, Vale Chumbar, The Sun

Más que Fútbol ● 2008

Ninguno
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Noticia original: Más que Fútbol